Hace algunas semanas, cumplimos uno de nuestros deseos: enviar una carta a nuestros amigos virtuales de Fuenlabrada (los niños y niñas de "El topo curioso")
Fueron ellos quienes nos dieron la sorpresa allá por Navidades (más información aquí) y no podéis imaginar la ilusión con la que han preparado sus mensajes.
Además eso de recibir-enviar una carta les resulta algo mágico y maravilloso: a ellos porque nunca o casi nunca lo han vivido; y a mi, que lo "revivo" con cierta nostalgia.
Todo era motivo de celebración:
- Buscar las palabras que querían escribir a sus amigos.
- Doblar sus mensajes y meterlos en un sobre.
- Escribir nuestra dirección y la de nuestros amigos.
- Pesar la carta en el Despacho y pegar el sello.
- Ir de paseo desde el cole hasta el buzón de correos.
- Meter la carta en el buzón.
Y los nervios y emoción de pensar dónde estaría nuestra carta, si habría llegado ya a su destino, si los niños la habrían leido, si les gustaría nuestra sorpresa...hasta que descubrimos que ¡si!
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